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Escándalos y falta de motivación religiosa disminuye feligresía católica dominicana

GUION DIGITAL,SANTO DOMINGO.- Una nación que cuenta con dos advocaciones marianas propias: la Virgen de Las Mercedes, patrona de República Dominicana, y la Virgen de La Altagracia, madre espiritual del país; que entre sus múltiples primacías se encuentra la de ser el primer territorio colonizado que adoptó el catolicismo como religión oficial obligada, a raíz de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo y que cuenta dentro de su casco urbano colonial con la mayor cantidad de templos e iglesias, incluida la Primera Catedral del Nuevo Mundo, resulta contradictorio el sentimiento de rechazo hacia el Papa Francisco, primer pontífice latinoamericano en toda la historia.

Así lo revela la encuesta realizada por la organización no gubernamental Latinobarómetro, con sede en Chile, al señalar que nuestra nación se encuentra en el lugar 16 de 18 países de la región que tiene una infravaloración del trabajo papal, con 5.9 por ciento de aceptación, solamente superado por Uruguay y Chile, nación en la que se encuentra en estos momentos el cabeza de la iglesia católica.

En este caldo de cultivo, las iglesias y sectas evangélicas aprovechan la esencia y se lanzan a una campaña feroz para captar fieles, lo que han logrado con bastante éxito.

Sin embargo, la encuesta, titulada “El Papa Francisco y la religión en Chile y América Latina”, coloca a nuestro país, en el cuarto lugar en cuanto a confianza en el trabajo de la iglesia, con un 75 por ciento de aceptación, superada por Honduras, Paraguay y Guatemala, con un 78, 77 y 76 por ciento, respectivamente, por lo que habría que preguntarse cuáles son las causas de este fenómeno.

Mútiples y variadas razones podrían argumentarse para explicar la situación de crisis que enfrenta la fe católica en el continente en general y en el país en particular, entre las que pueden mencionarse la incursión política de destacados miembros, la corriente económica de la globalización y la falta de respuestas a problemas cotidianos, lo que ha llevado al catolicismo de ser la religión por excelencia, en una más entre el conglomerado latinoamericano y caribeño, sin mencionar la corriente de la Teología de la Liberación, acogida por gran parte de los países del área y no reconocida por el Vaticano y los constantes escándalos a que se ha visto sometida la institución.

Aunque continúa siendo mayoritaria, no es menos cierto que cada día se afianzan en la región una variada gama de sectas y organizaciones que se identifican con la problemática actual, dando respuesta a situaciones cotidianas con un trabajo mediático constante, situación que deviene en apatía a una religión que se resiste a insertarse en la evolución integral que demandan los nuevos tiempos. La Iglesia Católica se ha quedado anclada en el pasado en lo que a liturgia se refiere.

¿Volvemos a la época de la Reforma, Lutero y el Concilio de Trento?

El crecimiento acelerado de numerosos movimientos religiosos no católicos a lo largo y ancho del continente y el territorio insular es constante y preciso, y así lo refiere un documento publicado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), en febrero de 2008, titulado América Latina y el Caribe: territorios religiosos y desafíos para el diálogo, al manifestar que a partir de la segunda mitad del siglo XX, “la proporción de católicos ha mostrado una tendencia a la reducción”, incrementándose dicha disminución de manera progresiva en lo que va de este siglo XXI.

En este sentido, se nota que las técnicas de proselitismo aplicadas por los líderes de estas organizaciones han dado mejores resultados que el ecumenismo tradicional de la Iglesia Católica, y en el caso de República Dominicana, quizás por su carácter cerrado de insularidad, el catolicismo ha estado perdiendo la batalla de la fe, frente al avance de movimientos religiosos como los pentecostales y los testigos de Jehová, cuyo método de ganar adeptos se fundamenta en la cercanía al feligrés, en la invasión de propaganda en medios de comunicación y escritos panfletarios

Pero la preocupación real nace en 1955, cuando se celebra la I Conferencia del Episcopado Latinoamericano (CELAM), celebrada en Brasil, que dio lugar a la II Conferencia, realizada en Medellín, Colombia, en 1968, cuando va surgiendo el movimiento de la Teología de la Liberación, ratificado diez años después en la III Conferencia del CELAM y el Documento de Puebla, que inicia un cambio radical en la Iglesia Católica latinoamericana.

Todo vuelve atrás al celebrarse, en 1992, el V Centenario del “Descubrimiento de América”, y la IV Conferencia del CELAM y la visita de Juan Pablo II para dicha conmemoración. En este pequeño territorio se echan al suelo todos los elementos que dieron origen a la Teología de la Liberación y la doctrina de la religión del pueblo para el pueblo, determinada en los documentos de Medellín y Puebla y el calvario de la iglesia dominicana, comienza su derrotero y deterioro. Lo mismo sucedió en toda América Latina. El declive se hace patente por la falta de integración a la problemática social de parte de los sacerdotes encargados de parroquias, salvo las excepciones, que siempre ocurren.

En este caldo de cultivo, las iglesias y sectas evangélicas aprovechan la esencia y se lanzan a una campaña feroz para captar fieles, lo que han logrado con bastante éxito.

Es como si se volviera al siglo XVI, cuando Martín Lutero, el monje agustino alemán sacudió los cimientos eclesiales al denunciar la compra y venta de indulgencias, promulgando sus 99 ordenanzas, siendo expulsado del catolicismo y fundando una nueva religión reformada, lo que dio inicio al largo y tedioso Concilio de Trento, iniciado en 1545 y finalizado en 1563, dieciocho años discusiones que llevaron a un cisma al catolicismo, y al surgimiento de las iglesias evangélica y protestante.

¿El principio del fin? Escándalos económicos y sexuales sacuden cimientos del Vaticano

Desde principios de los años 70 la Iglesia Católica se envolvía en una maraña de delitos financieros, que explotaron durante el corto papado de Juan Pablo I, el Papa de la Sonrisa, 33 días, quien iba a dar un giro de 360 grados a la tradicional Iglesia Católica, y a poner en marcha una serie de cambios y reformas surgidos en el Concilio Vaticano II.

Juan Pablo I iba también a poner en marcha mediante acciones precisas lo establecido en los documentos de Medellín y Puebla, para dinamizar la iglesia en América Latina. No pudo hacer nada, pues, mientras buscaba la fórmula para poner en marcha estos proyectos, se dio cuenta de que en las entrañas de San Pedro, se estaba llevando a cabo una cadena de lavado de activos, con los dineros de iglesias y parroquias, todo a cargo del obispo Paul Marcinkus y personalidades de la mafia italiana, banqueros corruptos y la logia P-2, entre los que se mencionan Roberto Calvi, director y propietario del Banco Ambrosiano, Lucio Gelli, Michele Sindona, todos cubiertos bajo el sacrosanto manto del Marcinkus.

Millones de dólares fueron lavados y enviados de manera ilícita a los paraísos fiscales caribeños y a la empresa Ediltecno, radicada en Italia, con sucursal en Washington, y operada por la mafia norteamericana, que convertía el dinero ilícito en bonos del Estado que luego se transferían a Finabank, empresa propiedad del mafioso Michele Sindona y el Vaticano.

Juan Pablo I trató de iniciar una investigación al respecto, terminando en una muerte súbita, 33 días después de asumir el solio papal. Todo salió a la luz a mediados de los 80’ con el trabajo de investigación periodística del inglés David Yallop, convertido en libro con el título En nombre de Dios, en el que presenta la situación delictiva que imperaba en las entrañas del Vaticano.

Años más tarde una ola de denuncias de abuso sexual, acoso y pederastia, llevan a la Iglesia Católica a un resquebrajamiento profundo. En todas partes del mundo llueven las pruebas y evidencias, y desde el fondo del Vaticano solo se pide perdón por las víctimas, igual que el perdón por los sacrificios en la hoguera ocurridos durante el final de la Edad Media e inicios de la Moderna.

Es decir, que la Iglesia Católica mantiene inquebrantable una liturgia de siglos, olvidando el paso hacia la modernidad, con una secuela de escándalos a cual más vergonzoso, por lo que no es de extrañar que cada día disminuyan los fieles católicos, especialmente en estas latitudes, que albergaba casi el 75 por ciento de la población católica mundial y que hoy día, se encuentra en el 48 por ciento. La modernización también debe tocar a la iglesia, pero también la integración a través del ecumenismo y la práctica cristiana. De lo contrario, le esperan oscuros días al conglomerado eclesial católico, específicamente en República Dominicana, y también en América Latina.

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