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El Primer Barrio De Puerto Plata, Que Viví, El Pie Del Fuerte

GUION DIGITAL,PUERTO PLATA.-Dentro de los surcos de la memoria, extraigo los recuerdos de mi primera profesora doña Rosa Pagan, cada tarde asistíamos a su escuelita, con una sillita de guano a la cabeza, mi hermana Marina y acompañado de una nana, llamada doña Mercedes.
Desde los tres años aprendí a leer y escribir mediante la lectura del libro Mantilla y la escritura guiada por doña Rosa.
Mi aprendizaje a la lectura, fue rápido, pues aparte de la lectura del libro Mantilla, leía de manera voraz los muñequitos de Porky, la Pequeña Lulú, el Pato Donald y otros, en la galería de mis vecinas las hermanas Marreros.
Recuerdo con mucho cariño a mi primer barbero, don Matuca, personaje muy conocido y querido en el Barrio.
En el patio de su casa pude conocer, por primera vez, el tiburón, a través de un dibujo pintado en una pared, por Odalis Perez, quien lo había pintado, luego de haberle pecado en el matadero de la ciudad.
El patio de don Matuca, era algo mágico, pues se veía circular en su suelo pequeños cangrejitos; pero lo más atractivo, era el llamado pozo de la suerte, en cuyo fondo se encontraba una jicotea y cuando salíamos del recreo, lanzábamos pequeñas piedras al fondo del pozo, tratando de manera inocente, que nos llegara la suerte.
A mi memoria me llega, el recuerdo de mis vecinos la familia Imbert, doña Julia Morales y don Albino, que cada mañana, despertaba el barrio, golpeando metales, ya que él era hojalatero y cada fin de semana se les escuchaba tocando su bandoneón.
También recuerdo, el toque de corneta, todos los días a las 8 de la mañana, dado por Julio Corneta, al izar la bandera de la fortaleza San Felipe, que era otro despertador del barrio.
Cada mañana solíamos ir a la playa, principalmente a la poza de la Tortuga, un lugar destinado a la familia y a los niños, ya que la Poza del Castillo, estaba destinada al baño del tigueraje de la ciudad.
Durante el verano, el sol resultaba muy molesto y no refugiábamos en la galería de las hermanas Burrough, a tomar su sombra.
También, solíamos ir a tomar sombra en el árbol de almendros de la familia Harta, quien daba al frente de la Poza de la Tortuga.
En dicho árbol de almendros, en sus gruesas raíces, se encontraban siempre sentados la mayoría de los jóvenes del barrio, quienes tertuliaban cada día, cada mañana y cada tarde en dicho lugar.
Durante el mes de febrero, en los tiempos del carnaval, recuerdo a Mon el Vigía, quien fue profesor inicial de las principales generaciones de niños del barrio y fabricabas chichiguas y disfraces del diablo cojuelo, para la celebración del carnaval en la barriada.
Los fines de semanas, principalmente en la mañana visitaba el play del Pie del Fuerte, donde jugaba el equipo del barrio contra los soldados de la fortaleza.
También, paseábamos por la cueva de la fortaleza y el matadero municipal, para observar de cómo se mataban las reses en dicho lugar y ver los tiburones, que circulaban en las aguas del mar, que rodeaba el matadero.
En el pequeño colmado de doña Rosa Fared, solía ir de compra y siempre me encontraba con la Vieja Wadrina, quien procedia de la isla Turk Irland, pero que no se entendía lo que hablaba, ya que su lenguaje era una mezcla entre el inglés y el español, como dice el populacho una jerigonza.
Un personaje, que recuerdo con nostalgia, fue Minengo el Mion, quien visitaba cada mañana, la fábrica de ron Brugal, o el depósito de Brugal, localizado en la calle san Felipe, en la búsqueda de ron crudo, para alcanzar su delite espiritual y su relación de sus esfínteres, montado en el Caballito de Brugal, que era el ron más popular de la época.
Uno de los recuerdos más impactantes de mi niñez, lo constituyo la presencia del chino Lee, un chinito procedente de Cantón, quien poseía una lavandería frente a mi casa y cuando salía a la calle, era con un saco al hombro lleno de ropas, y siempre escuchaba, que se llevaba a los niños, para mi esa era mi ¨cuzco¨, no había manera de que saliera solo a la calle.
Desde los 3 hasta los 10 años, viví en el barrio Pie del Fuerte, son muchos los hechos vividos, que mantengo en el baúl de los recuerdos y donde la nostalgia permanece en mi memoria de un barrio, que me vio nacer, donde las relaciones de sus gentes y el contacto de su entorno, fueron verdaderos espacios de felicidad de mi niñez.
Por Juan Payero Brisso

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